Partituras del color
PLÄSTICO de Jesús Mendoza
Lo íntimo y toda su rama memorial diversificada en sabores y olores que conllevan al rito y dan pie al diálogo de las formas. Inquieren en el espectador las premisas necesarias para aludir los instantes y momentos llevados de la mano del fulgor, trasuntados por valores imaginarios pertinentes a la fugacidad. Topos y tiempo euclídeo; formas temporales, sujetadas a un eje singular de apreciación de la forma. Donde el espejo repite y se repite en un inalterable juego de acertijos visuales ya promulgados por Velásquez y sus Meninas en la representación espacial de su (yo) espacio-taller y sus habitantes pertinentes, argos pregnantes de asomo fantasmal y difuso en el juego insondable del espíritu.
Verticales y horizontales apuestan en la tela a un reordenamiento del universo, de su universo; privadamente sugerentes las líneas y direcciones de Morandi coquetean y traducen la herencia histórico-visual donde percepción y contemplación son herederos de un mundo moderno. Las formas atrapadas en el hecho compositivo se disparan y se extienden en la tela para subyugar la mirada en el juego- contrapunto desde lo blando de la obra a las zonas más dinámicas. Constructo donde perviven la capacidad de síntesis y espiritualidad de la forma. Sinergia de los elementos que coadyuvan en el intercambio establecido entre el sujeto que observa y la forma observada; en estas obras cabe detallar el carácter serial de las formas. El juego de encuadres y de planos está presente y lo sustantivo prevalece sin alterar la atención. Confirmamos códigos y operaciones del hacer espiritual y de la vida a partir de la estructura formal de la obra y la magia imperecedera del constructo. Develar esta magia sería el papel del crítico; hechizo cotidiano que traduce y obra en el espectador sus exorcismos; convocatoria de unirse y reunirse a celebrar la forma atrapada en el lienzo, sólo para despertar el goce. Ira de una soledad unívoca de todos Que vuelca sus delirios en los intersticios del cuadro en lo orgánico sublimado, en atmósferas y climas afiligranados en el hogar a solas con mimismo o en el solipsismo desbordado en los objetos que aullan la presencia humana. He aquí la magia del constructo.
Roger Herrera R / 2006
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