Letras y afinidades
Rengifo.
Historicidad, Praxis y
Siembra de Valores en su Obra.
Con
humildad a: Luis Bigott
Lamentablemente
nuestros entendidos en la praxis teatral han subestimado los conocimientos
científicos heredados de Marx o Adolfo Sánchez Vásquez y de otros baluartes de
la historia como ciencia, para darse a la tarea de cada vez que señalan a
través de sus hermenéuticas la obra de César Rengifo, caen en el error de
clasificarlo como historiador o cronista
del teatro, expresando las siguientes
ideas: “es el único dramaturgo que ha llevado la historia
de un país a las tablas”, ̶ mentira piadosa ̶ manía reduccionista y presta a ser refutada, al observar los
ejemplos de quienes como: Esquilo, Sófocles o Eurípides en la antigua Grecia;
Shakespeare en la Inglaterra del renacimiento o del S.XVI, además de las
contribuciones de Bertolt Brecht y Heiner Müller en la Alemania contemporánea,
las cuales dibujaron el proceso histórico de sus naciones a través de la
dramaturgia.
Además de alimentar el error desde la perspectiva
“historicista”, al decir de Popper, el error está en confundir una “interpretación
histórica”, con una teoría o una ley. La “interpretación” es parcial y, si se
admite así útil para ordenar ̶ parcialmente̶ lo que de otro modo sería una acumulación
caótica de sucesos. ( … ) Porque la historia admite muchas “interpretaciones”,
coincidentes, complementarias o contradictorias, pero ninguna “ley” en el sentido de decurso único e
inevitable.” (Vargas Llosa; 1990., p, 11)
El Relato Social y su Caracterización en los Espacios
Cesarianos.
El relato épico
social trabajado por Rengifo, supera las expectativas melodramáticas del héroe burgués,
no copia ni asimila las enseñanzas de los paradigmas coloniales. Arremete desde
la alteridad al destacar sugestivos rasgos y las subjetividades de no sólo las culturas originarias,
sino del papel del negro en la lucha emancipadora
y el rol jugado por el hombre blanco de orilla, así como el mantuano como
sujetos sociales ̶ ̶ emparentados̶̶ ̶
en la lucha emancipadora de este territorio.
Al sugerir territorio nos acercamos a la
noción de lugar e historia…. Manejada por el Prof. Luis González y González y
su llamada historia matria, a saber “Es
así legitimo entonces también acercarse al pasado de las gentes cuya
existencia, nace vive y muere en pequeñas localidades. Es aquí donde se
inscribe la llamada Historia parroquial o microhistoria, que se detiene en los
pequeños espacios, que se interesa en descubrir y explicar las dinámicas de las
microsociedades. En oposición a la historia de las naciones, que corrientemente
se le denomina historia (de la) patria,
Luis González y González la ha bautizado con el provocador nombre de Historia Matria. (Medina Rubio; 2002., p, 18)
Todo este calidoscopio de nuestra nacionalidad
es reflejado en la obra
del
dramaturgo, poeta y artista plástico, donde fechas, fichas y datos no son lo
esencial, tampoco la historia magna o monumental llega a apabullar al hombre
simple de nuestro suelo o terruño.
Tanto en la obra teatral, plástica y poética de César Rengifo, el hombre es tejido
desde sus subjetividades, y aparece clamando por el cambio social, haciendo
rupturas paradigmáticas en el universo de la ética, rompiendo lo establecido o
enderezando entuertos. La búsqueda desde la historiografía hacia una
historicidad crítica lo hace despojarse de cualquier vínculo con los
vicios en el orden investigativo
heredados o trasplantados por el colonizador. Rengifo proyecta en sus
personajes lo que deberíamos ser y aclara lo que somos y lo que fuimos como una
suerte de enseñanza, de aprendizaje, de “aprehender haciendo” para poder
avanzar como sociedad, para poder construir al hombre nuevo. Por ello
constantemente da luces del ramo de virtudes que acompañan espiritualmente a nuestro pueblo
bebiendo en los fueros descolonizadores de Simón Rodríguez.
Sin embargo
para realizar toda esta gesta de construir o de̶ constituir un país ̶en los términos de rehacerlo ̶, es necesario aclarar el modo o
modos de hacerlo, aclarar la praxis no desde el modo ideático sino desde los
fueros del marxismo como instrumento de cambio no dogmático. Para ello, nuestro
viejo maestro Rengifo aludía: “el artista debe batirse en el
oleaje fecundo y maravilloso de la práctica social total”. Es necesario
insistir que la diferencia entre un revolucionario y quien no lo es, es dado
por su praxis.
Atendiendo
estas reflexiones, invitamos al lector a
leer y meditar las siguientes líneas.
“II.
QUE ENTENDEMOS POR PRÁCTICA
Los
términos praxis y práctica son comúnmente empleados en
nuestra lengua. Sin proponernos un análisis
semántico, utilizamos
el término praxis, descartando su
significación etimológica. Aceptamos
por praxis la acción que engendra un objeto
exterior al sujeto y a sus
actos.
Para Marx
“Toda la vida social es
esencialmente práctica”, no en el
sentido práctico utilitario de la conciencia ordinaria sino en el sentido, de
que los individuos son, en su realidad, el conjunto de relaciones sociales, y
por consiguiente, lo que estos son, depende de las condiciones materiales de su
producción.” (Quintero V., 1969., p, 47)
El trabajo
cesariano también nos aporta al héroe problemático de la modernidad basado en
el hombre moderno, ya anunciado por Miguel de Cervantes y Saavedra a través de
su espejo como escritor, es decir el personaje Alonso Quijano que
enloquece de tanto leer novelas de
caballería y le da por llamarse Don
Quijote de la Mancha. Como refería atrás, es un héroe problemático pero bien hecho,
confuso a la manera de Hamlet de Shakespeare, sin embargo constructor de sociedades.
Los héroes de Rengifo apuestan al proyecto civilizatorio pero sin dejar de
mirar su ombligo, sin descuidar el mirar hacia dentro, hacia lo que somos. Como
a la manera de Simón Rodríguez en su
ideario social de “Inventamos o erramos” o del apóstol José Martí en el ensayo
América. Concluimos
Entonces, que
la obra del dramaturgo Rengifo, es un hecho civilizatorio desde la perspectiva
multicultural y pluralista, desde el respeto tanto a las raíces como a sus
protagonistas. Otro filón, otra veta que hubo de explotar
el compañero César para alimentar su trabajo, es
el haber visibilizado a las tres fuentes culturales de nuestra idiosincrasia,
no ya como personajes maliciosos, indígenas vengativos, negros serviles o en
extrema situación de goce y lascivia o blancos pobres y temerosos de la
justicia divina y la corona. Nuestro autor, los incorpora bien sea a la trama
del cuento, en el verso del poema, en la imagen plástica o en el desarrollo
dramático por vez primera, como seres pensantes y protagonistas del desarrollo
socio̶ histórico. Con anterioridad, por lo menos aquí
en la América estos personajes eran
reducidos a tipos, a descripciones deterministas a letra vacía de significante,
a reducciones en cuanto al significado, a
la nada. Nuestro César de la dramaturgia descolonizó la escena.
Hacemos un
llamado de atención: al
incurrir en el error de categorizar
la obra de
César Rengifo como paradigma en
cuanto a la periodización de las luchas de nuestros diferentes
estamentos sociales en los diversos momentos históricos librados por nuestros
coterráneos en la lucha por la liberación por la independencia de Venezuela. El meollo del problema no está
en el uso de fechas, fichas, datos y la exaltación del héroe de turno, sino en
la construcción del personaje, su valoración social, independientemente de su
origen étnico o económico, debemos destacar el papel que jugó, juega y jugará
dicho personaje en la siembra de valores y la construcción de una sociedad
nueva.
Al sólo
nombrar al héroe, caemos en la trampa burguesa de significar a un hombre y sus
hazañas,
repetimos la historia magna, damos la espalda a la matria, a la llamada
historia regional o local, damos la espalda a nuestro pueblo. Estas prácticas
se prestan a la desvalorización de los
tres grupos que conforman nuestro ser multicultural y por supuesto a la
reducción de estos actores sociales a un simple abalorio o un adorno en el contexto o el devenir
histórico. Otro bemol heredado de la mala praxis escritural en cuanto a la
conformación social del héroe es que relegamos el rol de nuestros actores
históricos para convertirlos en simples informantes señalados de manera denigrante a un pie
de página en el texto, cuando en realidad es ese personaje, su constitución, el
aporte de su subjetividad el valor más importante que tenemos y debemos
desarrollar en la trama a
edificar.
Los
escritores apátridas siempre nos presentan y presentarán como voces silenciadas
y anónimas que nada tenemos que decir, ni ninguna contribución que dar con
respecto al proceso histórico de la nación. Al categorizar la obra
cesariana como sólo un producto
histórico, sufrimos
la
consecuencia de reiterar las formas de reproducción y explotación
de la clase dominante sobre la clase dominada, la relación de clase
entre explotadores y explotados. Así damos cuenta vergonzosa de nuestra
minimización en el papel que nos toca jugar en la historia a partir de nuestras
sustancialidades y relaciones de clase.
Por ello necesario
es para el investigador o profesor
teatral o bien para educadores o pintores educadores o maestros en literatura
que antes de hacer este tipo de observaciones
pueriles pero de desbastadoras consecuencias. Sería loable preguntarse sobre
cómo Rengifo percibió desde la alteridad
heroica o desde el sustrato de la
historicidad como producto interdisciplinario entre los motorizadores de los
cambios sociales, es decir el pueblo y
sus praxis, las cuales confirman no sólo su acervo y reivindican su identidad,
sino que enlazan territorio e identidad
desde la inter actuación y transformación de la realidad concreta.
Otros elementos que se suman al perfil que debe obtener el hermeneuta de la obra de Rengifo, serían
los siguientes ítems que deben ser revisados a la luz de la realidad y ver su
pertinencia en cuanto a herramientas para la transformación de la historia no como la proyección del héroe de bronce y del
himno fúnebre a su desaparición. Ni como
trizas de papel cuya tinta es letra
muerta. Sino más bien como el río desbordado de sus actores sociales haciendo énfasis en la transformación desde
el relato social como vínculo para erradicar los visos del colonialismo. Para
reconocernos y mirar partiendo de la idea de José Martí y del sueño descolonizador
de Simón Rodríguez.
A manera de Coda:
Textualidad y significación.
Ofrecemos, para su posterior caracterización,
el uso ̶ en los términos investigativos ̶ de una historiografía de ̶colonial y descolonizada. Donde el sujeto histórico
por excelencia sea el trabajo arduo del pueblo en su proceso transformador de
la sociedad. Proceso que involucra territorios, saberes, conocimientos y praxis
de dichos protagonistas.
Roger Herrera Caracas 06 del 11 DE 2018.
Ponencia leída en el
Instituto “Armando Reverón” IUSEPAR,
Propiciado por el C.E.C.A en Caño
Amarillo, perteneciente a UNEARTES.
CITAS BIBLIOGRÁFICAS:
1) Vargas Llosa, Mario. Karl Popper y el Historicismo. Suplemento Cultural
de Últimas Noticias. 11/ Caracas, 07̶01̶90; p, 37.
2) Medina Rubio, Arístides. Historia regional y Local. Ediciones del
Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. Caracas, 2002, p, 18.
3) Quintero V, Magello. La Práctica Social. Publicado en Revista de la
Universidad del Zulia. Números 44 ̶ 47. Maracaibo, enero̶ diciembre., 1969, Pp,
44 ̶ 47.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
Vargas, Llosa. Mario. Karl Popper y el
Historicismo. Suplemento Cultural de Últimas Noticias. 11/ Caracas, 07̶01̶90.
Medina ubio, Arístides. Historia regional y
local. Ediciones del Instituto Autónomo Biblioteca Nacional. Caracas, 2002.
Quintero V, Maguello. Revista de la
Universidad del Zulia. Números 44 ̶ 47. Maracaibo, enero ̶ diciembre., 1969.
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