Fuentes de un nuevo teatro:

 

Heiner Müller o La Diáspora de Dios



 Una obra que pretenda como la que nos preocupa, desarmar todo el cuadro de valores tejido por Occidente, es ante todo un discurso que a la piel del sistema causará escozor, virulencia y rechazo en el establecimiento del primer orden de ideas.

Acudo desde estos parámetros a mi lógica que es la lógica del comic, la lógica alógica; la axila de la razón mostrada a través de la pantalla de un cofre armado con vidrios y cuya fragilidad no podemos poner en duda, pero igualmente debemos sospechar de sus detonantes, de las proyecciones a lo largo y ancho del radio de la cultura dominante. Textos de este tipo, de ese malestar particular, los podemos encontrar en la obra de hombres como Ezra Pound, Paul Celan y sus bellas y trágicas alabanzas a la singular economía fascista o en las propuestas extremas de un enamorado de la utopía comunista, me refiero al señor Paul Eluard, o a la fascinante actitud de duda y digresión que acompañó los anárquicos textos de Antonin Artaud. Desde aquí, desde el desnudo territorio de las palabras deseo abordar y que abordemos la lectura dramática en la obra de Heiner Müller, lectura transversa, donde es común el cruce de egoísmos, miserias y aniquilaciones humanas.

La gran fe abre sus puertas e invita al común de los mortales a cantar con desaliento y estupor a la patria, a la perra grande que nos parió y nos legó costumbres insospechadas y maneras de comportarnos que tienen mucho que ver con lo identitario. Todo esto y más es propuesto por Müller en su tabla de Ajedrez y desde allí a un campo de futbol no es mucha la diferencia, la duda es decisoria, tanto así que el arbitro pita pertinazmente durante todo el juego de nuestras vidas, nos juegan damas y caballeros, somos apostados cada amanecer por unos retrasados mentales que dirigen la política mundial y se hacen llamar líderes y balbucean discursos menos democráticos que al choricero que le tocó dirigir el destino de los ciudadanos atenienses.

Balbucear, he allí nuestro destino.

Imaginemos que yo soy un payaso y que no existo dentro de la dramaturgia del señor Müller, sino que, cosa curiosa soy insertado dentro de sus textos de manera arbitraria y sin prolegómenos. A su vez, me nutren la lengua con un texto de marras e iracundo, comienzo a vomitar ángeles en flor sobre este mudo paraíso de la vida. Veamos lo que el payaso dice y refiere sobre este escritor teatral, que es quizás en los últimos treinta años del siglo XX, el más ácido, polémico y fructífero hacedor de una dramaturgia sui generis.

 

Desde Medea Material hasta Medeaspiel (adaptación para la escena de Roger Herrera)  -fragmentos-



 

Desde Medea Material se aborda la inmundicia en la obra de Heiner Müller,  se acusa a si mismo de traidor, violentado así la relación padre-hijo, madre-patria-lactante. Hijo acusador del padre (Estado); padre acusador del hijo; lactante usurpador de la madre (lactante marica), lactante no simbiótico, vividor de la madre y otros ejes e hilos concatenantes prestos a producirnos el asco.

Ocurre desde luego una constante violación de los textos históricos, balbuceo del héroe maricón que instauró e instaura el buen burgués y el probo comunista. Estos mezquinos de turno que alzaron a pedos su muro de Berlín, sus bombas atómicas, sus guerras mundiales, su hambre, su farsa ecológica, su espectáculo  humanitario por las víctimas civiles de Afganistán o los pueblos del Báltico, sus matrimonios ungidos donde impera el uso de la imagen maquillada e ilusoria como el espejismo; la cursi proposición del cuerpo-objeto ahogada en la ideología dominante; Efebos y Narcisos postulando lógicas ironías bajo la sonrisa insípida y bucal de Marylin Monroe o la voz grave y aleatoria del morbo probo femenino llamado Marlene Dietrich, cada día tras cada canción seguimos siendo “razonablemente” mas pobres, luego de cada film nos sobra miserabilidad para repartirla de puerta en puerta desde Europa hasta el valle de Caracas y el que detenta el poder se coloca su leontina de paria machista, de Jasón sobornable. Por eso no hemos hecho un país sino un chiquero donde cocean los ciudadanos, los ilustres hijos de la libertad, la justicia e igualdad. Heiner Müller, reivindica en Medeaspiel, una Medea vengadora de falsas morales, de falsas justicias; una feminidad edulcorada en el magnicidio, el filicidio y otras proezas ”poéticas”, de los que siempre han dominado el Orbe, aquí, en Grecia, en Berlín…

Ante esta terrible humanidad Retratada por el poeta y Director Escénico no queda mas que decir o tararear al unísono con su voz: No trafico con narcóticos, ni con esperanzas. Creo en la igualdad de oportunidades

 

Medeaspiel

I salida con uso de parlamento

 

“Gloria al bravo pueblo…

“Gloria al bravo pueblo…

“Gloria al bravo pueblo…

(Onomatopeya de tambor redoblante)

 

(Trurrurururu   urrrrrrrruuuuuuuuuuuu)

Caída del equilibrista al vacío

 

Grito: Aaaaaaaaaaaaa

 

Democracia…demo… cra…ji. ji, ji ji,

 

Ja Ja Ja Ja Ja Ja , democrácia…… Justici…Ciia…Liberales…..Godos….

 

Gloria al bravo pueblo…

 

Maricas……

 

Gloria al bravo pueblo…

 

(En toda la emisión de estos balbuceos el personaje tendrá un loro en la mano derecha y tratará de hacer el equilibrista en el alambre)

Para la última salida de este personaje debe poseer un pito y una tarjeta amarilla además debe ser dotado de una máscara de gas.

Cuando termine la canción debe estar el loro.


PRETEXTOS PARA OBSERVAR A HEINER MÜLLER

 

Armar una dramaturgia sugiere el equilibrio entre textos contrapuestos, situaciones inconexas, manifiestos obligados por el tema a ser contradictorios para poder rebelarse desde el argumento y hacerse afín con las acciones en la escena.

En un mundo donde a cada ocho segundos muere un niño de hambre ¿qué tipo de dramaturgia construir y constituir? ¿Qué desarrollo de la actividad humana puede adherirse el escriba o plegarse el susodicho autor?

Un paso por las dramaturgias de diversos autores puede probar una especie de suerte aleatoria que conmina al lector  a descifrar ese alfabeto único y personal de la obra de arte y proponerla para su futuro desarrollo en el ámbito de la actuación. Es preciso entonces deslindar cada texto teatral; auscultar; operar y suturar cada letra, cada texto, cada línea dramática para propiciar la ruta a seguir por el puestista o el director escénico.

No deseando entrar en prolegómenos sobre el asunto y que nos excluyan del área que nos compete, deseo insistir en revisar un poco la inclusión e introspección en el espacio textual de Müller con dos o tres actantes, que fungen según su construcción o edificación como payasos, son la burla social, la sátira ingente, el manejo de lo “excluido y exclusivo” del payaso visto como un orate, al igual que  en las piezas de Shakespeare es bautizado por la fabla racional y la sabiduría, esa hermosa sapiencia heredada de los niños y los beodos.

Ahora pasaremos a deslindar estas didascalias y toda la letra teatral sumada al discurso del dramaturgo alemán y a comprobar o desaprobar su eficiencia y eficacia.

Müller inunda sus textos de postulados nacidos de su relación visceral con el mundo; de su exclusión en una sociedad escindida por murallas y códices separatistas. Müller es y funge de hombre invisible en la negatividad de un mundo polarizado por la odiosa confrontación este-oeste y más tarde por los nuevos mecanismos de opresión de la economía neoliberal.

En este autor se suicidan todos los valores erigidos por Occidente, propone la amoralidad ante la sugestiva gazmoñería moral (Hibris) del héroe harto de atributos que ofrece y mercantiliza el mundo occidental desde hace dos mil años. También en Robert Musill creador de El Hombre sin Atributos, novela inacabada que traduce en la arcilla de sus personajes una serie de antihéroes que se comportan virulentos y contrarios al paladín burgués y decadente (héroe usual en los novelones y en la obra épica de la clase privilegiada) y que devienen como la casta militar y los conciliábulos religiosos en una suerte de omnímoda y poderosa presencia cultural que produce cierto agotamiento en el intercambio simbólico que traman las clases en pugna y que advierte y aclara el señor Müller para nuestra comprensión.

El valor moral (etología) en la obra de este autor se centra en la distribución democrática de las oportunidades, no en la oportunidad como lujo,  dada y evidenciada en estas democracias excipientes, valga el caso de la América Latina. O “quizás” deberíamos observar esa “falsa civilidad” convenida por los países con economía estable y pertenecientes al primer mundo: allí donde abundan los discapacitados; subempleados e inmigrantes vistos en esas geografías como una “peste” o sub-especie alienígena que sólo saben y sirven para crear problemas y necesidades nuevas.

El escritor alemán viola estas fronteras o parcelas y se enfrenta a ellos con la convicción de educar, reelaborar o desmembrar el patrón ideológico dominante basado en el enfrentamiento del discurso neoliberal y los “nuevos” planteamientos sociales heredados de las experiencias socialdemócratas y socialistas. Lucha llevada a cabo  entre países desarrollados y países subdesarrollados o como afirman plantearse hoy día algunos teóricos: el enfrentamiento entre países globalizados  y globalizantes del primer mundo y los pueblos que desean una libertad sui generis, una forma de vivir particular, pertenecientes a los países pobres o del tercer mundo

 

Roger Herrera.

 


HEINER MÜLLER, LA DIASPORA HISTORICA

 

Acotar o formular algún planteamiento sobre el más grande dramaturgo alemán de los últimos treinta años es abolir transversalmente los códigos establecidos por el drama burgués; hospedar un terreno de inusitadas sospechas sobre el hecho teatral, múltiples preguntas sobre el porvenir escénico e imantadas respuestas llovidas sobre un lecho de oscuras aguas.

Müller representa la diáspora del teatro actual, proponiendo y concretando de manera eficaz: la violación histórica del texto teatral, agudeza fragmentaria de la inteligencia que aborda la escritura como un collage, la altera y dispersa en el espacio bajo la férula de la infinitud; aborda la transversalidad del contenido y anuncia en su esencia la apropiación del héroe bien sea bajo el signo religioso o de clase o tras la máscara del ultraje; la desfechitización de la heroicidad del hombre en una suerte de palimseptos; de escatologías verbales; de juegos irónicos donde la reconstrucción del aparato dramático montado por la cultura Occidental se desmorona una y otra vez, balbuceando su propio babel  cultural y reelaborando un teatro que no hace concesiones a la belleza; ni alardes a la discreción o al pudor escritural.

En esta distensión de piezas yuxtapuestas, disyuntivas donde la esperanza posee el rostro horroroso del psicópata; la manía del “loco”, la necedad del dipsómano. Gestos cargados de error humano; ¿reiteraciones ociosas o parlamentos imposibles? Reverbera en la obra de Müller la simultaneidad y el eco del silencio. Releer a Müller es el “eterno comenzar”, en el se puede palpar el hueso de la historia humana y no sus cúrsiles metáforas; sus sueños pusilánimes.

Medeaspiel, es un juego muy serio; el “Otro” drama de Medea, sincerada, objetivada por la lente 85 de una cámara de cine, la misma irá desnudando, mostrando las miserias de esta “heroína” trágica y conversa en la noción de Müller en una gusanera espantosa y hedionda.

Medeaspiel o el Drama de Medea se nos asoma en este organón, sin misterios, ni caprichos, es sin lugar a dudas una mujer común. Y Jasón la irresponsabilidad viril, inopia y descaro de un héroe flatulento.

Bien decía Heiner Müller al proponer sus ideas dramáticas: No Trafico con Narcóticos. Ni con esperanzas.

Roger Herrera

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